El Fondo Monetario Internacional (FMI) juega un papel crucial en la economía global al proporcionar asistencia financiera a países en crisis. Sin embargo, sus políticas, que a menudo incluyen medidas de austeridad y reformas estructurales, han sido objeto de discusiones por su impacto en el crecimiento económico y el bienestar social generado en las naciones receptoras. Algunos investigadores argumentan que estas condiciones pueden perpetuar ciclos de deuda y aumentar la desigualdad, afectando a las poblaciones vulnerables y planteando preocupaciones sobre la soberanía nacional. Para adaptarse a las nuevas realidades de los contextos locales y globales, es esencial que el FMI reforme sus prácticas hacia un enfoque inclusivo, centrado en el desarrollo sostenible, la transparencia y la rendición de cuentas.